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lunes, 4 de febrero de 2013

SALÓN MAMBÍ DE TROPICANA


    A mediados de la década de los sesenta comencé mi etapa de colaborador de la Revista Cuba Internacional, que se extendió hasta 1971. Éste es el texto de mi primer reportaje, que reproduzco tal y como apareció publicado en el número de abril del 66.


SALON MAMBÍ
Texto: Pedraza Ginori
Fotos: Carlos Núñez (1)

DESDE AYER HASTA MAMBÍ 
    Los bailes populares pertenecen a esa manera habanera de vivir. Quién sabe como empezaron. Desde que uno recuerda, en cuanto poste o pared había, aparecían los grandes anuncios –todo texto- para que la gente supiera quienes amenizaban. Al principio, las fiestas tomaban sus nombres de los estribillos (“Camina Juan Pescao”) o de las frases del momento (“Palante y Palante”, “De contén a contén”). Los ritmos eran el danzón, el son, la guaracha, el bolero. La época de los jardines de las cervecerías (La Tropical, La Polar), de los Centros Asturianos y Gallego, de los clubes “de color”, de “El Niche”. Cuando aquello de “se garantiza la música”. Reinado de “Los 3 Grandes”: Arsenio Rodríguez, Arcaño y sus Maravillas y Melodías del 40. Apoteosis de Su Majestad La Cerveza. La mejor órbita de los músicos que ganaron fama: Neno, Paulina, Cheo Belén, Belisario, Chappotín (2). Las grandes fechas especiales: Día de los Enamorados, 20 de Mayo, 10 de Octubre. Y ya después el mambo, el cha cha chá. El club Las Águilas. La América (3). Prado y Neptuno. El rey Benny Moré. Las fiestas para los pobres de una gran capital: bullicio, entusiasmo. Muchas veces, al calor de la bebida, tragedia. “Sí, es verdad que a cada rato había sangre pero uno no pensaba en eso”. La leyenda: “Baile en que no hubiera una buena bronca, no era baile”.
  Eran otros tiempos. Hoy no hay anuncios en los postes y sí en la radio. Se baila mozambique, pacá, pilón y dengue. Todo ha cambiado. Estamos en Mambí y aquí no hay peleas. “Es que los cubanos de ahora somos más conscientes”, dice uno. “Es que nos sentimos bien porque todo ha cambiado. ¿Y para qué pelearnos entonces?”. Estamos en el Salón Mambí y nos faltan aún muchas fiestas por bailar.

MAMBÍ ES LA FIESTA 
    Corre 1961. Los grandes casinos de La Habana han dejado de funcionar. La Revolución cumple inexorablemente su política de saneamiento de las costumbres: el juego está prohibido. Al faltarle su principal “alimento”, los cabarets de lujo agonizan. En Tropicana la situación es caótica. Hay que hacer algo y pronto. Brota la idea.
    -- ¿Por qué no damos bailes populares?
    -- Eso no camina aquí.
    -- Vamos a probar. 
   Empieza aquello. Se contratan orquestas de moda. Se hace amplia propaganda. El 25 de diciembre, primer día, los bailadores responden. Nunca se habían visto los salones más llenos. La fiesta es un éxito. La experiencia se repite en Año Nuevo. Y la siguiente semana. La otra y la otra. Pero surgen los peligros. Con tanto público se dañan las alfombras, los tapices e instalaciones del famoso cabaret.
    -- ¿Por qué no damos los bailes en el parqueo?
    -- ¿Tú crees?
    -- Vamos a probar. 
      Nace lo que en un principio se llama Salón –muchos le siguen llamando así- y más tarde Jardines Mambí. Se forma el ambiente. Los bailadores abandonan otros lugares y corren hasta aquí. Mambí crece. Desde entonces, Mambí es la fiesta.

BAILE USTED 360 MINUTOS 
    Por fuera, Mambí parece un estadio. Por dentro, un parque. La entrada cuesta “un peso los caballeros y 25 centavos las damas”. Un largo corredor, bordeado de vegetación, lleva hasta las inmensas pistas de baile. Las pistas -300 metros de largo por 200 de ancho- reciben la sombra de ceibas, palmas, júcaros, pinos, algarrobos y tamarindos. A su alrededor están los quioscos donde se consumen cada fin de semana miles de pollos fritos, tamales, croquetas, pescados, papas rellenas y chicharrones para acompañar la cerveza, el criollo ron o el coñac importado.

  En Mambí no hay mesas. El público se sienta en bancos circulares que rodean los árboles. La bebida se sirve en envases de cartón parafinado (4). Esta medida, que comenzó para evitar que las botellas rotas tentaran a los pendencieros, se ha conservado. Así es más económico. En cierta ocasión en que no hubo envases, los propios bailadores traían desde sus casas cazuelas, jarros, ollas y hasta cubos para beber.
  Los bailes duran 6 horas. La verbena –“Festival del Sábado-, a la que los hombres acuden con traje, comienza a las 9 de la noche. La jira –de invierno o verano-, a la que se va en mangas de camisa o guayabera, se ofrece desde las 3 de la tarde del domingo.
Ni estadio ni parque, Mambí resulta un lugar agradable, “distinto y diferente”.


¿Y LA ENFERMERÍA? PUES SE CERRÓ 
    A Mambí asisten 3 ó 4 mil personas los sábados y 2 mil los domingos. Para atenderlas hay 100 empleados. Son gente valiosa. Ellos mismos acordaron hacer la limpieza al terminar cada fiesta, como trabajo voluntario. En estos días faltan algunos que están en los cortes de caña.
    Juan Capote, un joven tranquilo, 27 años, fuma en pipa. Ha estado al frente de varios hoteles del Instituto Nacional del Turismo. Ahora administra la Unidad Tropicana (que incluye los Jardines): Mambí es un buen negocio. Siempre tenemos ganancias. La gente viene porque sabe que esto es bueno. Y tranquilo. Ya se terminaron las riñas. Hasta hemos quitado la enfermería. Pronto comenzaremos obras de reconstrucción. Se harán techos para proteger al público de la lluvia. Esto marcha adelante.
    Juan Cruz, el animador, es alguien pintoresco. Entre pieza y pieza anuncia “las orquestas del próximo sábado en esta pista gigante” o invita “a saborear exquisitas ruedas de atún”: Te voy a contar algo para que veas cómo somos aquí. Hace tiempo apareció una billetera. Se guardó varios meses. Un día alguien la revisó bien y halló en un compartimento secreto dos “papeles” de 50 pesos y una dirección de Mayarí. Se pasó un telegrama y el hombre recogió su dinero.

MAMBÍ CONSAGRA, MAMBÍ HUNDE 
   En cada ocasión Mambí presenta cuatro orquestas. Los jardines se han convertido en un templo de la buena música bailable. Un lugar capaz de consagrar o hundir. El público es difícil. Habitualmente actúan los mejores músicos populares del país. Allí encontraremos a la Aragón, Neno González, Pello el Afrokán o cualquier otro favorito. Ésta es una de las razones –quizás la primera- del éxito de las fiestas.
    Los músicos hablan de Mambí.

    
  Roberto Faz, cantante, una de las más grandes voces que ha dado Cuba: El público aquí es conocedor. Hay que darle calidad. Si le tocas bien, te lleva bien. Si no sirves, te lo dice.
     
   Un violinista de la Ritmo Oriental: Si un número nuevo “pega” aquí, ya está asegurado. 
Abelardo Barroso
        Roberto Faz y su conjunto en Mambí

   Abelardo Barroso, leyenda de la música cubana: Llevo 41 años cantando y sé lo que le digo. Éste es un público inteligente, casi dilettanti (sic). ¿No ves que son los mejores bailadores? 
   
   Efraín Loyola, flautista y director: Nosotros somos de Cienfuegos. Mis muchachos estaban gustando por el interior y soñaban triunfar en La Habana, en los Jardines. Yo sabía lo que era esto y tenía un poco de miedo. Cuando debutamos, nadie bailó las dos primeras piezas; estaban oyendo. Hasta que comprobaron que la orquesta “ponchaba”. Entonces empezaron a bailar.

AQUÍ HABLAN LOS DUEÑOS 
Almendra, el figurín
     A primera vista, la multitud de Mambí impresiona. Después se comprueba que lo que llaman público es el pueblo y uno se siente como en su casa.
    “Almendra”, personaje popular: Soy “punto fijo” aquí. Siempre ando figurín, elegante. Me gustan mucho las fiestas y ésta más que ninguna. 
   Un panadero: Lo único malo es que cuando llueve no hay donde cobijarse y uno se moja.
  -- Entonces, cuando tú ves que está nublado no vienes. 
  -- No, vengo de todas maneras porque a lo mejor no llueve y me pierdo la fiesta.
   Un obrero de la construcción: Esto es una cosa cubana. Aquí uno se siente dulce, no agrio. 
   Un chofer de taxi: Siempre vengo con mi mujer. Hoy no la traje porque es mi cumpleaños y tengo que celebrarlo.
  Una obrera textil, estudiante de Secundaria: No me gusta venir. Mis amigas me embullaron.
  Una amiga de la anterior: Déjate de boberías que a ti te gusta la salsita que hay aquí. 
 Un carnicero, 58 años: En La Tropical la gente se fajaba. Había más emoción.
   Hay otros. Aquel que ha traído su tocadiscos y se aísla para bailar su propia música. O Marcelo el sastre, que tiene como orgullo ser “fundador” de Mambí. Fela, que con sus 65 años no cree que esté vieja para guarachar. El tornero que esta noche se divierte pero a las 7 de la mañana estará “como un cañón” en el taller. Josefina, que estudia y quisiera tener tiempo para venir más. Papito López, albañil, que cuando tiene dinero viene y cuando no también porque siempre encuentra algún amigo...
   Así son, sencillos y diversos, los dueños de Mambí.
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N   O   T   A   S
(1) Carlos Núñez, uno de los mejores fotorreporteros que ha dado Cuba, ya era un señor mayor, en los últimos años de su carrera profesional, cuando tomó las excelentes fotos en blanco y negro que ilustraron y pusieron a gozar mi reportaje. 
     Disfruten de esta secuencia, en la que Núñez captó con maestría la esencia del Salón Mambí a través de esta pareja que baila con especial sabrosura. ¿No es cierto que al ver estas imágenes, oímos la música? 


 



(2) Neno González, Paulina Álvarez, Cheo Belén Puig, Belisario López, Félix Chappotín y sus Estrellas.


(3) Orquesta América.


(4) Cuando se hizo este reportaje, aún no se les llamaba “pergas” a estos envases.

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1 comentario:

  1. ginori de esa epoca te puedo explicar pues estaba becado en belen q era la frontera del mambi, solo brincaba el muro y ya estaba en el salon mambi de Tropicana.

    pero alli los mas populares fueron...chapotin y cuni, pancho el bravo, el conjunto boleros, la sensacion y la sublime.......claro el dia q le tocaba a la aragon apaga y vamos...la calle 22, noche Azul, para oriente voy a bailar el ritmo changui, etc

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